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Pilar 03 · Relaciones y Conexiones

Cómo hacer amigos de adulto (y conservarlos): lo que dice la ciencia

Por qué cuesta más hacer amigos después de los 30, cuántas horas hacen falta para crear una amistad y cómo conservarla, según la investigación.

Redacción M | APublicado el · Revisado el
10 min de lectura
Una mesa de café junto a una ventana con una partida de ajedrez a medias, dos tazas vacías y dos sillas: en una cuelga un abrigo y en la otra, una bufanda verde

Te mudaste por trabajo, tus amigos de siempre tienen hijos o viven lejos, y los planes se han vuelto un grupo de mensajes que nadie contesta. Un día te das cuenta de que hace meses que no quedas con nadie solo porque te apetece. Y no sabes muy bien cómo se hace eso a estas alturas.

No es una rareza. Según el Barómetro de la soledad no deseada de 2024, de las fundaciones ONCE y AXA, el 20 % de los adultos que viven en España se siente solo, y el 13,5 % lleva así dos años o más. La Organización Mundial de la Salud calcula que la soledad afecta a una de cada seis personas en el mundo.

Hacer amigos de adulto cuesta más, pero no es cuestión de carácter ni de suerte. Es cuestión de tiempo, de contexto y de un par de ideas equivocadas sobre los demás. En este artículo verás por qué cuesta, cuánto tiempo hace falta y qué funciona de verdad.

Por qué cuesta más después de los 30

En el colegio y en la universidad, la amistad venía casi sola. No porque fueras más simpático, sino porque el entorno hacía el trabajo: veías a las mismas personas a diario, sin tener que quedar, y había tiempo libre de sobra.

La investigación lleva décadas mostrando el peso de ese entorno. En un estudio clásico de 1950, Leon Festinger y su equipo observaron que, en una residencia de estudiantes casados, cuanto más cerca vivían dos familias, más probable era que fueran amigas. Y en 2008, Mitja Back y sus colegas sentaron al azar a un grupo de estudiantes el primer día de curso: un año después, quienes se habían sentado juntos por casualidad se seguían apreciando más que el resto.

Con los años, ese entorno desaparece. Un metaanálisis de Cornelia Wrzus y su equipo, con datos de más de 177.000 personas, encontró que la red de relaciones crece hasta el inicio de la edad adulta y después se va reduciendo, y la de amigos encoge a lo largo de toda la vida adulta. Llegan el trabajo, la pareja, los hijos y las mudanzas, y ya nadie te sienta al lado de un desconocido cada mañana.

La conclusión es liberadora: si te cuesta hacer amigos, probablemente no es por ti. Es que has perdido la estructura que los creaba. Y una estructura se puede reconstruir.

Cuánto tiempo hace falta

En 2019, el investigador Jeffrey Hall, de la Universidad de Kansas, se hizo una pregunta muy concreta: ¿cuántas horas hacen falta para hacer un amigo? Preguntó a adultos que se habían mudado hacía poco y a estudiantes recién llegados a la universidad. Su estimación:

  • unas 50 horas juntos para pasar de conocido a amigo ocasional;
  • unas 90 horas para llegar a ser amigos;
  • más de 200 horas para convertirse en amigos íntimos.

No todas las horas cuentan igual. Las que se pasan charlando, bromeando o haciendo planes juntos suman mucho más que las que se pasan trabajando codo con codo.

Haz la cuenta. Si ves a alguien dos horas a la semana, tardarás unos seis meses en llegar a las 50, y unos dos años en llegar a las 200. Por eso las amistades de adulto rara vez nacen de un encuentro suelto: nacen de verse una y otra vez.

La amistad no surge de un flechazo. Se construye a base de horas.

Las barreras están más en tu cabeza de lo que crees

El tiempo es el obstáculo práctico. Pero hay otros, más silenciosos, que frenan a mucha gente antes de empezar: ideas sobre lo que piensan los demás que la investigación ha desmentido una y otra vez.

Les caes mejor de lo que piensas

En 2018, Erica Boothby y sus colegas pidieron a desconocidos que charlaran unos minutos y después preguntaron a cada uno cuánto le había gustado el otro y cuánto creía haberle gustado. De forma sistemática, la gente subestimaba cuánto le había gustado a su interlocutor. Lo llamaron la brecha de la simpatía. Ocurría en el laboratorio, en talleres y entre compañeros de habitación de la universidad, y en estos últimos duraba meses.

La causa parece ser que, mientras hablamos, estamos tan pendientes de nuestros fallos que no vemos las señales de interés del otro.

Un mensaje se agradece más de lo que crees

En una serie de experimentos con miles de participantes, Peggy Liu y su equipo pidieron a la gente que escribiera a alguien con quien hacía tiempo que no hablaban, solo para saludar. Después compararon lo que esperaba quien escribía con lo que sentía quien recibía el mensaje. Los que escribían subestimaban sistemáticamente cuánto se iba a agradecer, y más cuanto más inesperado era el mensaje.

Hablar con desconocidos sale mejor de lo previsto

Nicholas Epley y Juliana Schroeder pidieron a viajeros del transporte público de Chicago que hablaran con un desconocido durante el trayecto. Antes de hacerlo, la mayoría pensaba que sería incómodo. Después, el trayecto les resultaba más agradable que a quienes habían ido en silencio. Además, los desconocidos estaban más dispuestos a hablar de lo que ellos imaginaban.

Esperar que vas a caer bien te ayuda a caer bien

En 2009, Danu Stinson y su equipo comprobaron que quienes esperaban ser aceptados al conocer a gente nueva se comportaban de forma más cálida, y esa calidez hacía que los demás los aceptaran de verdad. Es una profecía que se cumple sola, en los dos sentidos: si das por hecho que vas a sobrar, te cierras, y acabas sobrando.

Cómo hacer amigos de adulto: seis pasos

  1. Busca la repetición, no el evento. Una fiesta o un evento de networking rara vez dan amigos. Una actividad semanal, sí: un equipo, un club de lectura, una clase, un grupo de senderismo o un voluntariado. Elige algo que te guste lo bastante como para ir aunque no conozcas a nadie, y comprométete al menos unos meses. Ayudar a otros, además, tiene sus propios beneficios, como explicamos en Ayudar a otros te hace crecer.
  2. Pasa del contexto al plan. La amistad empieza cuando os veis fuera del sitio donde os conocisteis. Después de unas semanas coincidiendo, propón algo concreto: «¿Tomamos algo al salir?» o «El sábado voy a ver esa exposición, ¿te vienes?».
  3. Toma la iniciativa, y repítela. Casi todo el mundo espera a que propongan los demás. Si alguien no puede, no lo tomes como un rechazo: la vida adulta está llena de agendas imposibles. Vuelve a proponerlo más adelante. Si tras dos o tres intentos nunca hay un «sí» ni otra fecha, deja la puerta abierta y dedica tu tiempo a otra persona.
  4. Abre poco a poco. La cercanía crece cuando las dos partes se van contando cosas cada vez más personales. En un experimento de 1997, Arthur Aron y su equipo consiguieron que dos desconocidos se sintieran sorprendentemente cercanos en 45 minutos, solo respondiendo por turnos a preguntas cada vez más personales. No hace falta un cuestionario: basta con contar algo verdadero de ti, preguntar y escuchar de verdad.
  5. Recupera a quien ya conoces. Las amistades dormidas son un atajo: las horas ya están hechas. En un estudio con directivos, Daniel Levin y sus colegas comprobaron que, al retomar el contacto con personas con las que llevaban años sin hablar, la confianza seguía ahí y las conversaciones aportaban más ideas nuevas que las de sus contactos habituales. Y, como vimos, tu mensaje se agradecerá más de lo que crees.
  6. Sé quien organiza. Toda pandilla tiene a alguien que propone el plan. Si en tu vida falta esa persona, puedes serlo tú: una cena al mes, una ruta los domingos, un café fijo con los compañeros que te caen bien. Organizar te asegura las horas y facilita que otros se sumen.

Cómo conservarlas

Hacer un amigo es la mitad del trabajo. La otra mitad es no perderlo.

En un estudio de 18 meses, Sam Roberts y Robin Dunbar siguieron a un grupo de jóvenes en su paso del instituto a la universidad. Las relaciones con la familia aguantaban bien aunque se vieran menos. Las amistades, no: cuando el contacto bajaba, la cercanía se resentía. Con la familia hay un vínculo que sostiene la relación; con los amigos, solo la sostiene el trato.

Tres hábitos ayudan a mantenerlas:

  • Pon la amistad en la agenda. Un plan fijo, como el primer jueves de cada mes, resiste mejor la vida adulta que el «a ver si quedamos».
  • Celebra las buenas noticias. Shelly Gable y su equipo observaron que responder con interés y entusiasmo a las alegrías de los demás se asocia con relaciones más satisfactorias y con más confianza. No basta con estar en los malos momentos.
  • Habla de lo que molesta. Una amistad sin conflictos suele ser una amistad en la que alguien calla. En Conversaciones difíciles tienes un método para decir lo que piensas sin romper la relación.

Lo que no funciona (o no tanto)

  • Esperar a que surja. De adulto, la amistad casi nunca aparece sola. Hay que buscarla con la misma intención que pones en un trabajo o en tu salud.
  • Coleccionar contactos. Cien conocidos en una red profesional no sustituyen a dos personas con las que puedes contar. En nuestra guía de relaciones explicamos por qué la calidad pesa más que la cantidad.
  • Quedarse en los mensajes. Los mensajes y los «me gusta» ayudan a mantener el contacto, pero las horas que crean una amistad son las que pasáis juntos.
  • Forzar la intimidad el primer día. La confianza crece por turnos. Contarlo todo de golpe incomoda más de lo que acerca.

Si la soledad pesa

Sentirse solo no es un fracaso personal: le ocurre a uno de cada cinco adultos en España. Pero si la soledad se alarga y viene con tristeza, desánimo o falta de ganas durante semanas, habla con tu médico de cabecera o con un psicólogo. Y si en algún momento piensas en hacerte daño, llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida: es gratuita, confidencial y funciona las 24 horas.

En resumen

  • Hacer amigos de adulto cuesta más porque desaparece el entorno que los creaba: verse a menudo sin tener que quedar.
  • Hacen falta unas 50 horas para un amigo ocasional y más de 200 para uno íntimo, y cuentan sobre todo las horas de ocio compartido.
  • Le caes mejor a la gente de lo que piensas, y tus mensajes se agradecen más de lo que crees.
  • Busca actividades que se repitan, pasa del contexto al plan, toma la iniciativa y abre poco a poco.
  • Las amistades se mantienen con trato: ponlas en la agenda.

Una mente atómica no espera a que la amistad llegue: le hace sitio en la agenda.


Para profundizar

  • Platónico, de Marisa G. Franco. Una psicóloga explica, con la investigación sobre el apego, por qué nos cuesta hacer amigos de adulto y qué podemos hacer para crear y cuidar amistades. Es práctico, cercano y muy bien documentado.
  • Amigos, de Robin Dunbar. El antropólogo del famoso «número de Dunbar» resume décadas de investigación sobre cómo funcionan las amistades, cuántas podemos mantener y por qué se apagan cuando dejamos de cuidarlas.

Fuentes

  • Aron, A., Melinat, E., Aron, E. N., Vallone, R. D. y Bator, R. J. (1997). The experimental generation of interpersonal closeness: A procedure and some preliminary findings. Personality and Social Psychology Bulletin, 23(4), 363-377.
  • Back, M. D., Schmukle, S. C. y Egloff, B. (2008). Becoming friends by chance. Psychological Science, 19(5), 439-440.
  • Boothby, E. J., Cooney, G., Sandstrom, G. M. y Clark, M. S. (2018). The liking gap in conversations: Do people like us more than we think? Psychological Science, 29(11), 1742-1756.
  • Epley, N. y Schroeder, J. (2014). Mistakenly seeking solitude. Journal of Experimental Psychology: General, 143(5), 1980-1999.
  • Festinger, L., Schachter, S. y Back, K. (1950). Social pressures in informal groups: A study of human factors in housing. Harper.
  • Fundación ONCE y Fundación AXA, Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (2024). Barómetro de la soledad no deseada en España 2024.
  • Gable, S. L., Reis, H. T., Impett, E. A. y Asher, E. R. (2004). What do you do when things go right? The intrapersonal and interpersonal benefits of sharing positive events. Journal of Personality and Social Psychology, 87(2), 228-245.
  • Hall, J. A. (2019). How many hours does it take to make a friend? Journal of Social and Personal Relationships, 36(4), 1278-1296.
  • Levin, D. Z., Walter, J. y Murnighan, J. K. (2011). Dormant ties: The value of reconnecting. Organization Science, 22(4), 923-939.
  • Liu, P. J., Rim, S., Min, L. y Min, K. E. (2023). The surprise of reaching out: Appreciated more than we think. Journal of Personality and Social Psychology, 124(4), 754-771.
  • Organización Mundial de la Salud (2025). From loneliness to social connection: charting a path to healthier societies. Informe de la Comisión sobre Conexión Social.
  • Roberts, S. G. B. y Dunbar, R. I. M. (2011). The costs of family and friends: An 18-month longitudinal study of relationship maintenance and decay. Evolution and Human Behavior, 32(3), 186-197.
  • Stinson, D. A., Cameron, J. J., Wood, J. V., Gaucher, D. y Holmes, J. G. (2009). Deconstructing the «reign of error»: Interpersonal warmth explains the self-fulfilling prophecy of anticipated acceptance. Personality and Social Psychology Bulletin, 35(9), 1165-1178.
  • Wrzus, C., Hänel, M., Wagner, J. y Neyer, F. J. (2013). Social network changes and life events across the life span: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 139(1), 53-80.

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